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jueves, 9 de febrero de 2017

Detectives infiltrados para descubrir a los responsables de hurtos y robos en empresas

Una de las metodologías empleadas para descubrir a los responsables de hurtos en empresas es la infiltración de uno o varios detectives para que se hagan pasar por trabajadores de la compañía.

Los investigadores infiltrados han de pasar por un proceso de selección 
igual al resto de los empleados, evitando así las sospechas del personal. Tienen un contrato laboral, nómina y realizan las funciones propias de su puesto de trabajo.

Aprovechando su posición, los detectives intentan ganarse la confianza del resto de los trabajadores para recabar toda la información posible sobre los hechos que se están investigando.

Dado que es necesario propiciar un ambiente de confianza entre los detectives privados y el resto de personal de la empresa, estas investigaciones se suelen prolongar en el tiempo, a veces incluso varios meses.

En algunas ocasiones, de forma paralela a la infiltración y a medida que se va obteniendo información, es preciso llevar a cabo otro tipo de acciones, como el seguimiento de sospechosos de estar implicados en los hurtos.


jueves, 10 de diciembre de 2015

Condenados por sustraer combustible de la empresa para la que trabajaban

Dos empleados de una compañía de autobuses interurbanos han sido condenados por sustraer combustible a la empresa para revenderlo después. 

El Tribunal da por probado que ambos se apropiaron de 8.380 litros de gasoil en las instalaciones que la empresa. Sin embargo, ha desestimado el recurso interpuesto por la compañía, que alegaba que los hechos son constitutivos de un delito de robo con fuerza, y no de hurto.

La empresa comenzó a detectar la falta de carburante en los depósitos de sus instalaciones 
en septiembre de 2011 y, ante la sospecha de que los autores debían ser operarios, contrataron los servicios de una agencia de detectives

Los investigadores privados observaron cómo uno de ellos -que trabajaba en turno fijo de noche- acudió a su lugar de trabajo con un furgón de alquiler y que, tras abandonar el polígono industrial, el vehículo circulaba con "síntomas evidentes de ir cargado".

La operación se repitió otras tres veces, en una de ellas con ayuda de personas a las que no ha sido posible identificar. En la segunda ocasión, el furgón fue interceptado por la Guardia Civil, que intervino el combustible sustraído y la bomba que utilizaban para hacerlo.

El procedimiento que seguían consistía en estacionar el furgón en la parte trasera de las instalaciones. "Sin utilizar fuerza alguna", uno de ellos accedía al recinto e introducía en los depósitos una manguera. Valiéndose de una bomba eléctrica, traspasaba el gasoil a bidones colocados en el interior del vehículo, donde era auxiliado por el otro individuo.

Para asegurarse de no ser descubiertos, manipulaban las cámaras de seguridad y desconectaban de la red eléctrica el sistema de grabación. La bomba era conectada a uno de los focos exteriores de las instalaciones, al que habían dotado de toma permanente de corriente.

Del inventario de combustible realizado por la empresa, ésta concluyó que habían sido sustraídos unos 37.000 litros de gasoil, valorados en 27.384 euros, pero el análisis de la capacidad del bidón en el que transportaban el combustible y los volúmenes de carburante intervenidos llevó a establecer que uno de los acusados sustrajo 1.690 litros el 3 de noviembre y la misma cantidad el 7 del mismo mes, en tanto que el 19 ambos se hicieron con 3.000 y el 20 con 2.000. Esto suma un total de 8.380 litros.

Según el fallo judicial, no se ha acreditado que los acusados "tuvieran más participación en el resto de sustracciones que pudieron tener lugar durante los meses de septiembre, octubre y noviembre", con excepción de los cuatro días reseñados.

Fuente: EL DÍA.es

lunes, 28 de septiembre de 2015

Detenido por robar miles de kilos de carne gracias a la investigación de una agencia de detectives

Agentes del Cuerpo Nacional de Policía detuvieron la semana pasada al encargado de una sala de despiece de una empresa dedicada a la comercialización de carne por robar, presuntamente, miles de kilos carne para su venta a terceros.

En el momento de la detención, el empleado ocultaba 200 kilos de carne de vacuno y de cerdo en el maletero de su vehículo particular, aparcado en las inmediaciones del almacén.

Aprovechando la relación de confianza que mantenía con los dueños y de su puesto de responsabilidad en la empresa, tejió una red de contactos para la posterior distribución fraudulenta de la carne. La cantidad defraudada a la empresa durante el último año podría superar los 100.000 euros.

Todo parece indicar que el detenido comenzó sustrayendo pequeñas cantidades de carne, presumiblemente para consumo propio y, al no ser descubierto, comenzó a ampliar su círculo de contactos, a los que ofrecía la carne de mejor calidad a un precio muy inferior al que se maneja en el mercado cárnico. Incluso durante los últimos meses llegó a sustraer por encargo piezas de carne concretas, tanto por calidad como por peso.

Las sospechas saltaron cuando los propietarios empezaron a notar desfases en la contabilidad, ya que la cantidad de género que se registraba a la entrada no tenía reflejo contable posterior, por lo que intuyeron que algún empleado con cargo de responsabilidad estaba detrás. 

Para confirmar sus sospechas, recurrieron a una agencia de detectives privados, cuya investigación concluyó que el detenido en ocasiones atendía pedidos de diversos establecimientos, siendo identificados entre los compradores sidrerías, carnicerías, bares y restaurantes.

Tras obtener las pruebas necesarias, lo comunicaron a la Policía y se informó a la Consejería de Sanidad por si se hubiera cometido alguna irregularidad en la distribución de la carne fuera de los canales habituales y esto pudiera afectar a la salud de los posibles consumidores. Según el comunicado policial, no se descartan probables responsabilidades penales y administrativas por parte de los propietarios de los establecimientos, e incluso particulares, que adquirieron la mercancía sustraída a sabiendas de lo irregular de su comercialización. 

El detenido ha sido despedido de la empresa y la actuación policial remitida al Juzgado de Instrucción correspondiente. 


sábado, 29 de noviembre de 2014

Detectives infiltrados para identificar a los ladrones y obtener pruebas de los hurtos

Los detectives privados se hicieron pasar por trabajadores del almacén de la distribuidora de fármacos para vigilar a los sospechosos y obtener pruebas de los hurtos.


Siete meses de investigaciones policiales y la colaboración de detectives privados, que se infiltraron en la distribuidora de medicamentos, hicieron posible la identificación de todos los miembros de la red delictiva que sustrajo un millón de euros en productos farmacéuticos en un almacén de Aldaia. La operación se saldó con una veintena de detenidos, entre los que hay ocho empleados de la empresa, seis repartidores, un farmacéutico y un ex-trabajador, considerado este último como uno de los cabecillas de la trama.

La investigación de la Policía Nacional se realizó a petición de la empresa afectada, tras formalizar la denuncia, y las grabaciones con cámaras de vídeo y micrófonos ocultos fueron autorizadas por el juez, según informaron fuentes de la investigación. La policía colocó cámaras y micrófonos ocultos en el almacén y la zona de taquillas para identificar a los empleados que sustraían cremas, pañales, dentífricos, geles, leches infantiles y antigripales, entre otros artículos y fármacos, que no necesitan recetas. 

Un grupo de policías de paisano y dos detectives infiltrados vigilaron a los trabajadores, tanto en los dos turnos de día como en el de la noche, hasta que descubrieron cómo burlaban las medidas de seguridad del almacén.

La Policía Nacional realizó nueve registros en los domicilios de los arrestados, donde recuperaron 15.000 de los 100.000 artículos hurtados, y descubrió que los cabecillas de la trama pagaban unos 600 euros al mes a varias empleadas para que sacaran productos del almacén y los dejaran en un punto determinado. Allí, otra mujer introducía en cajas el material hurtado, y su novio, habitualmente desde la recepción, distribuía los artículos a los compradores y la farmacia. Del reparto de la mercancía se encargaban la hermana y el padre de la primera mujer con dos furgonetas. Todo ellos fueron detenidos.

La mayor parte de los productos farmacéuticos que hurtaba el grupo de trabajadores eran distribuidos con la colaboración de una farmacia, cuyo dueño se encuentra entre los detenidos.

Fuente: LAS PROVINCIAS